martes, 22 de julio de 2008

LA PALABRA EXACTA

Imagínate una relación epistolar marcada, contradictoriamente, por la cercanía y la distancia. ¿Cómo puedes expresarte con la mayor sinceridad sin caer, en ocasiones, en trampas o incorrecciones? Debes usar palabras, pero no siempre encuentras la palabra exacta. No es la primera vez que lo intentas, pero la velocidad del correo electrónico te fuerza a no pensar con detalle en lo que estás diciendo. Cuando envías el correo, te gusta releerlo para comprobar que no estás cometiendo una locura. Pero siempre te queda la duda y dejas para mejor ocasión la posibilidad de volver a intentarlo. ¡Es tanto lo que quieres expresar! ¡Es tanta la fuerza del deseo, la urgencia del sentimiento! ¿De dónde procede esa duda, entonces, esa sensación continua de estar fracasando? En lo impersonal, quizás, podrías encontrar cierto estilo para engañar a tu ya delicada conciencia; aunque esto sólo funciona en ocasiones. En Tarántula, por ejemplo, la primera y única aproximación de Robert Allen Zimmerman a la ficción literaria, un joven Dylan se acoge a la experimentación poética para volcar un aluvión incesante de personajes que firman poemas y baladas surrealistas con nombres verdaderamente sorprendentes: Toby Apio, Benjamín Tortuga, Homero la Guarra… Imagínate volver a casa y hacer de cada carta, de cada correo electrónico, una experiencia delirante. Por ejemplo: ¡perdona mi retraso, cariño, pero he olvidado mi idioma! Y luego: ¡deberás excusarme, mi vida, pero tengo cita con el diablo! O bien: ¡no te contaré mi vida, te contaré la historia de Apio! No sabes qué pensarán al otro lado –esa mujer que lo sabe todo y que espera, impaciente, tus cartas-, aunque resulta interesante imaginarlo.

1 comentario:

María de Herem dijo...

La palabra exacta de lo que quiero decir suele escribir el correo; normalmente son delirantes por eso él me gusta; a quién puedas escribirle tus palabras delirantes le estarás escribiendo desde el amor... ¿no se lo explicó así Sócrates a Fedro cuando ya había dejado de cubrirse la cara por vergüenza? Otra cosa es que seas como el amigo Lisias y otra que en el fondo nunca te atrevas a saltarte las reglas... Además no se debe pensar en el delirio nada más que de dos maneras: o musas o dioses, de las primeras probablemente Dylan, y la razón que estudia el vuelo de los pájaros no sirve para escribir correos.