domingo, 7 de septiembre de 2008

LA TIERRA PROMETIDA

Cuando se lo comenté a ella, cuando le dije que había noches en que algo me obligaba a hacerlo, que había noches como tumbas negras en que debía hacerlo irremediablemente, ella se quedó inmóvil, inexpresiva, ensimismada; se quedó callada; no articuló palabra; creo que no comprendió verdaderamente la importancia de lo que yo le estaba contando. A veces, personas que han vivido juntas toda la vida se convierten, en apenas unos segundos, en verdaderos extraños, en seres inquietantes el uno para el otro, en criaturas irreconocibles. El abismo que se ha abierto entre ellos es tan profundo y tan vasta la extensión de tierra que ahora los separa, que de nada sirven ya las palabras. Para intentar alcanzar un acuerdo, para intentar la comprensión o aliviar la agonía, habría que ingeniar la posibilidad de una forma de expresión completamente nueva, un idioma improvisado, desconocido, imposible, una suma de acciones o de gestos nunca vistos. Pero aquella tarde, quizás, ya estaba todo dicho; las palabras se descolgaban cansadas y había que volver a la ceremonia de la vida, a los hechos de la vida cotidiana; había que volver a la autopista. Cuando yo le dije a ella: “¿sabes?, ahora, incluso, rezo por las noches; no sé bien a quién ni cómo, pero necesito hacerlo”, ella no entendió absolutamente nada. Y todo se acabó disolviendo entre oscuros formalismos y arañazos de tensión de un viento idiota que alborotaba recuerdos con la inútil terquedad de un ángel muerto. En sus Diarios Filosóficos (1.914-1.916), escribió Wittgenstein: “¿Dios y la finalidad de la vida? Sé que existe este mundo. Que estoy situado en él como mi ojo en su campo visual. Que hay en él algo problemático que llamamos su sentido. Que ese sentido no queda en él, sino fuera de él. Que la vida es el mundo. Que mi voluntad atraviesa el mundo. Que mi voluntad es buena o mala. Que bueno y malo, por tanto, están relacionados de algún modo con el sentido de la vida. Que podemos llamar Dios al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo. Y vincular a ello la comparación de Dios con un padre. Orar es pensar en el sentido de la vida”. Quizás si le hubiese leído esto a ella, en aquel preciso momento, me habría comprendido; aunque tampoco estoy seguro. En realidad, hay cosas que no se entienden si no se viven en carne propia, si no se ha sufrido la intensidad del colapso, del abandono, del asombro. Quizás existan barreras infranqueables que hay que respetar a pesar de todo. Quizás la vida nos hace estas ofrendas, misteriosas, porque siempre acaba ofreciéndonos algo a cambio. En The Promised Land (Darkness on the Edge of Town, 1978: un disco imprescindible) Bruce Springsteen confiesa: “Señor, no soy un niño, no, soy un hombre, y creo en una tierra prometida”. El mejor antídoto contra la incomprensión de los demás está en que uno mismo pueda llegar a entenderse y a construir su propio camino. En que uno pueda reconocer su nombre, y adivinar su rostro, en el largo callejón de los encuentros rotos. En que uno tenga claro, a pesar de las palabras, o gracias a ellas, cuál es la dirección del paraíso.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Al principio pensaba que te referias a matusbarte . Perdon :-)

yo provengo de la familia mas ateista posible pero en los ultimos mesos rezo a no se quien , a una entidad para que me ayude a sobrevir el dia , a veces repito una mantra japonesa . Es una forma de meditacion que te libera de pensamientos negativos.

un beso

Enrique Bustamante dijo...

Curiosa analogía. Pero no me masturbo desde hace un tiempo. Aunque reconozco que, el sexo bien entendido, comienza por uno mismo. No, yo rezo, en serio, y cada vez lo hago más a menudo. Y encuentro consuelo en ello. Veo el sentido de la vida con mayor claridad y luego descanso en paz. Vivo la vida como creo que hay que vivirla, como me han enseñado a vivirla, como yo mismo estoy empezando a entender cómo debe ser vivida. Si a ti te ayuda o consuela un mantra japonés quizás estemos en lo mismo. A mí me gustaría hablar con Dios, cara a cara, y charlar con él de filosofía. Y tomar con él un par de GUINNESS bien frías, después de la conversación, mirando al océano y guardando silencio. Sí, creo que me gustaría.

Anónimo dijo...

Como se reza en serio? Cuando empeze a trabajar en un instittuto de profesora , es cuando empeze a rezar y a pedir apoyo porque estaba asustada. :-)

pini dijo...

Caramba! Pensaba dejar un comentario relativo a la tierra prometida, pero han cambiado el enfoque. En definitiva, tal vez se trate de una cuestión de búsqueda de placer y sentido de la vida.

En cuanto a la primera interpretación de anónimo, no hay que pedir perdón por lo que leas debajo de un texto, por aquello que creas que te dice. Después de todo, cada uno piensa como quiere la escritura. Inclusive, practica o no sexo en sus diversas vertientes.

El post me ha parecido místico y maravilloso. En mi caso, yo lo he pensado desde la imposibilidad de comulgar con quien tenemos cerca, cuando la dirección que imprimimos nuestro paso se separa de aquella que eligió quien nos venía acompañando.
Yo no rezo, pero canto. Cada cual transita la vida y busca el paraíso donde cobijarse.

Creo, que se reza en serio, de la misma manera que se canta en serio, se recita en serio, se ama en serio, y se tiene sexo en serio.
Seriamente, qué bien escribís Enrique.

Enrique Bustamante dijo...

Sigo pensando que, a veces, las palabras juegan malas pasadas, aunque no voy a extenderme, aquí y ahora, sobre este tema. Pini: lo que estoy pensando (y no escribo aquí porque las palabras, a veces, juegan malas pasadas) lo estoy pensando en serio. Eres un cielo.

Anónimo dijo...

El abismo realmente puede aparecer en cualquier momento, con cualquier persona. Con todas. Y el miedo al abismo es el miedo a saberse sólo en este mundo.El único mundo conocido. Rezar con dios , hablar con él es el último consuelo para quien ha intentado comunicarse o entenderse con "los demás", sin conseguirlo.
Cuando lo hago me siento una cobarde.

pini dijo...

anónimo, sería bueno poder llamarte por una seudónimo al menos así no hay tanta distancia, pero va igual un modesto comentario: no te culpes, ni tampoco creas que hay una única respuesta para cada interrogante.
En mi criterio, rezar a Dios, o hablar con él, para quien lo logra, debe ser una bendición, y no un último recurso. Tampoco considero que sea una actitud desesperada por falta de contacto con los demás. Son dos niveles de comunicación diversos, uno divino y el otro humano.
Es como el amor en sus distintas versiones: hace unos días intentaba explicarle a mi hija menor, que tiene tres años, que el corazón es lo suficientemente elástico para que en él entren todos los amores: a los hijos, a la pareja, a los padres, a los hermanos, a los amigos, a quienes admiramos, a quienes partieron definitivamente. No son excluyentes ni se desplazan. Todos pueden convivir armónicamente, si uno tiene paz y equilibrio.
Quien se comunica con Dios o celebra una fiesta pagana en el medio del Africa, está construyendo un momento místico, espiritual. Ese mismo hombre, luego se sienta a su mesa con sus hijos, comparte la conversación y elige qué película ver en el cine. Ese mismo hombre, desea, se enamora, se aferra al calor del hogar, sueña, sufre, y cuando tiene necesidad, reza o piensa en amarrarse a una esperanza que lo guíe para que la cotidianeidad tenga un sentido trascedente.
Yo que no creo, cuando paso a la noche por las camas de mis hijas y las veo dormir, sanas y con la cara despejada, pienso que he sido bendecida y agradezco, no sé a quién, pero si sé por qué.

Anónimo dijo...

Esta entrada es magnifica, especial y bien escrita. Bien hecho,

K dijo...

Eso de las noches como tumbas negras me ha recordado otra canción de Springsteen en la que habla sobre levantarse de noches oscuras como tumbas, volver a un hogar con el sol radiante en la cara, algo como la fe. Algo como la fe. Bueno, es normal que la persona que te tiene tan cerca, metido en las cuatro o cinco ideas fijas (y a priori inamovibles) que tiene sobre ti no te reconozca en una declaración sorprendente. Y supongo que, cuando hace tiempo que las palabras parecen innecesarias de repente se hagan inaccesibles también. Es el problema que le he visto siempre a las relaciones: que llega un momento en que parece innecesario seguir conociendo al otro, y ahí es cuando llegan los problemas al paraíso, que dice también Bruce. Siento no poder citar a Wittgenstein. Pero no le veo ningún sentido (y perdón por la redundancia) a identificar el sentido de la vida con dios. Me parece lo de siempre, un argumento de poco peso (aunque válido para quien lo admita, no voy a meterme en eso).

No sé. El caso es que me gusta tu nuevo estilo. Mucho más fácil para mí, reconozco. Gracias.

María dijo...

Durante unos días de mi vida yo hablaba con Dios. Estaba convencida de que existía. Por muchas cosas... Creo que la palabra la has empleado tú en estos comentarios: uno busca consuelo. Y lo que hace buscarlo es, en mi caso, el temor al desvalimiento. No es que dudase de que algún día iba a sentirlo. Es que llegó un día en que lo sentí. No sé si a todo el mundo le alcanza esa conciencia. Imagino que sí. Puede haber noches como tumbas. Noches en que los miedos, el Miedo, el real, crece y crece hasta que sólo estáis tú y él en la cama. Y puede que te parezca que vas a morirte. Ya, ahora, mañana mismo, en breve. Y eso creo que es lo que nos hace buscar a dios y más que eso, en seguida, lo que unos y otros conocieron de él. De la transcendencia. Da igual que se sea ateo durante toda la vida. Al final uno siempre se acuerda y quiere no estar tan solo. Pero yo hablo de mí. No de ti, claro.

María dijo...

Te diré que el primer día que entré aquí... no. El segundo, cuando había dejado la página abierta y volví a leer.

Leí y hablaba sobre Rayuela.
Yo había leído Rayuela este verano. Era algo aplazado. Preocupada por esas noches y por más motivos. De salud. Intuía que a la Maga le había sucedido algo horrible... Pero yo no tengo hijos, ni soy Pola... Así que al avanzar me relajé. Porque mis miedos comunes se habían relajado. Alguien me veía maga en su momento y me indujo al libro. Y entonces al volver a aquel tablón me di cuenta de que había sido una vil lectora hembra y que no había entendido nada. Eso me sucedió con Rayuela. Y creo que a muchos nos ha sucedido lo mismo. Pero ya he comenzado a darle la vuelta al libro. Y en mi versión Talita es Italia. La que sabe volar. Lo dice ella en el tablón. Y a su lado, creo que la Maga era un pobre estímulo para Oliveira. El sexo no lo es todo frente a la mente. Sería más difícil que Traveler se aburriera con alguien como Talita, si es que sabía estimularla. Pero es otra de mis formas de verlo. Y eso no quiere decir nada. Aunque encontré mucho en ese tablón. Todo iniciático. Y además creo que el beso del cíclope. Sucede luego en esa cama. Tiene que ser terrible sentir algo así, me dije: estar subyugada. Pero a la vez me despierta cierta nostalgia.

Saludos Enrique.